Edición 30 – La biología del amor (y de la lealtad)
Por qué nos enamoramos —también— de las marcas.
El ser humano se ha relacionado con otros seres humanos —y con los animales que lo acompañan— durante más de 200,000 años.
Es lo que mejor sabe hacer: vincularse.
A lo largo de la historia, aprendimos a distinguir afinidades y rechazos, a reconocer personalidades compatibles y a construir lazos que nos dieran seguridad, placer y sentido.
Por eso, cuando una marca intenta humanizarse, no está haciendo marketing:
está hablando el único idioma que nuestra especie entiende desde siempre —el del vínculo emocional—.
Nos relacionamos con una marca de la misma forma en que lo hacemos con una persona: observamos su carácter, juzgamos su coherencia, nos atrae o nos decepciona.
Y una vez que la conexión se da, ocurre algo más profundo: apego.
Esa fue justamente la tesis de la antropóloga y neurocientífica Helen Fisher, una de las mayores expertas del mundo en el estudio del amor.
Fisher demostró que el amor no es un invento cultural, sino un sistema biológico diseñado para asegurar permanencia.
Y en ese …




