Edición 14 – La importancia de una narrativa bien direccionada
Cuando una historia se convierte en estrategia de poder y de marca
La historia —la que aprendemos en libros, museos o monumentos— no siempre es la verdad. Es, más bien, la versión que alguien eligió contar. La historia la escriben los que ganan. Literalmente.
Por siglos, los relatos que definen civilizaciones han sido manipulados. Manosean los datos históricos para legitimar su “movimiento” y construir un relato que favorezca a las estructuras de poder. El objetivo nunca ha sido solo narrar los hechos, sino moldearlos hasta que encajen en una visión conveniente.
Y dentro de esas narrativas amañadas, hay una fórmula que se repite con éxito quirúrgico: la idealización de la lucha eterna entre el bien y el mal. Un relato que nos sitúa —inevitablemente— como los buenos, mientras los malos son todos los demás. Los que no piensan como nosotros. Los que no consumen como nosotros. Los que no votan, visten o viven como nosotros.
Apoyados por el ego, justificamos atrocidades en nombre de “lo correcto”: inquisiciones, genocidios, hambrunas. No porque seamos cruele…




