Edición 05 – Caro ni en abonos
El precio no define si algo es caro. Lo que realmente lo determina es el valor que se entrega a cambio.
El fin de semana asistí con mi esposa a una comida en Polanco con un grupo de amigos que no veíamos desde hacía casi dos años. La sobremesa se alargó como se alargan las buenas conversaciones: entre risas, anécdotas y un puñado de confesiones postpandemia. En algún momento, alguien compartió un dato que me pareció más revelador que cualquier tendencia de TikTok: una de las marcas de alimentos más grandes y visibles del mundo había sufrido una caída importante en ventas tras aumentar, de forma aparentemente marginal, sus precios.
Me sorprendió. Pero no tanto.
Porque eso es exactamente lo que pasa cuando una marca lleva años entregando únicamente valor funcional. Sabor, empaque, presencia en anaquel. Lo básico. Y cuando todo lo que ofreces es lo básico, cualquier incremento de precio, por pequeño que sea, se vuelve intolerable. El consumidor no lo percibe como un ajuste, sino como una falta de respeto. Y no porque te odie, sino porque nunca te quiso. Simplemente te cambia. No se lo piensa…



