E45 – Assisted Venture Models
Cuando la autonomía se volvió norma… y la pertenencia se volvió escasa
El contrato psicológico del trabajo cambió
Hay algo que probablemente también estás viendo.
La rotación dejó de ser una excepción. Se volvió parte del paisaje.
Según la U.S. Bureau of Labor Statistics (2023), la permanencia promedio en trabajadores entre 25 y 34 años es inferior a tres años. En generaciones anteriores, ese horizonte era más largo. No es un detalle estadístico; es un síntoma cultural.
El McKinsey Global Institute (2022) estima que entre el 20% y el 30% de la fuerza laboral en economías desarrolladas participa en algún tipo de trabajo independiente. Upwork (2023) proyecta que más de la mitad de la generación joven contempla el freelance como opción primaria en algún momento de su carrera.
Al mismo tiempo, Gallup (State of the Global Workplace, 2023) reporta que solo alrededor del 23% de los trabajadores globales se declara activamente comprometido.
No estamos frente a una generación menos trabajadora.
Estamos frente a un contrato psicológico que perdió poder simbólico.
Durante gran parte del siglo XX, el trabajo formal ofrecía algo claro: trayectoria acumulativa. Aprendizaje progresivo. Identidad asociada a una institución. Movilidad social real.
Ese modelo fue eficaz para su contexto.
Pero el contexto cambió.
Daniel Kahneman y la economía conductual han demostrado que las decisiones humanas están profundamente influenciadas por la percepción de riesgo. Cuando el riesgo sistémico aumenta —crisis financieras, automatización acelerada, industrias que desaparecen en menos de una década— la preferencia por el control individual también aumenta.
Si la estabilidad externa se percibe frágil, la autonomía gana atractivo.
Ahí se entiende el atractivo del autoempleo.
No es romanticismo.
Es gestión psicológica del riesgo.
El crecimiento de plataformas como Shopify, Substack, Uber, Airbnb o Amazon Marketplace no es solo tecnológico. Es psicológico.
Reducen fricción.
Permiten monetizar habilidades sin intermediación tradicional.
En 2023, Shopify reportaba millones de comercios activos en su ecosistema. Substack superó el millón de suscriptores pagos distribuidos entre creadores independientes.
El mensaje implícito es poderoso:
Puedes generar ingresos sin pertenecer a una estructura corporativa clásica.
La barrera de entrada bajó.
Y cuando la barrera baja, la opción deja de ser marginal.
Se vuelve culturalmente legítima.
La autonomía ya no es excepción.
Es alternativa viable.
La paradoja: la libertad necesita arquitectura
Ahora viene la parte interesante.
Mientras más personas eligen independencia, más crece el mercado de mentorías, masterminds, certificaciones y comunidades privadas.
La industria global de educación online supera los cientos de miles de millones de dólares y mantiene tasas de crecimiento de doble dígito. Las membresías profesionales proliferan. Las comunidades privadas se multiplican.
Nadie obliga a esos emprendedores a pagar.
Lo hacen voluntariamente.
¿Por qué?
Porque la libertad absoluta es cognitivamente costosa.
La Teoría de la Autodeterminación (Deci y Ryan) identifica tres necesidades fundamentales para la motivación sostenida:
Autonomía
Competencia
Relación (pertenencia)
El empleo tradicional enfatizaba relación y estructura.
El emprendimiento enfatiza autonomía.
Pero ningún extremo satisface las tres dimensiones de manera equilibrada.
El empleo puede limitar autonomía.
El emprendimiento puede erosionar relación.
Por eso el mercado está enviando una señal más sofisticada:
El emprendedor no huye de las estructuras.
Está pagando por nuevas.
Paga por frameworks.
Paga por accountability.
Paga por comunidad.
Paga por estructura.
La autonomía necesita arquitectura.
Y aquí es donde conviene nombrar lo que ya está emergiendo.
Estamos presenciando la consolidación de una nueva categoría laboral:
Assisted Venture Models.
No es empleo clásico.
No es multinivel tradicional.
No es freelance aislado.
Es emprendimiento asistido con infraestructura compartida.
Un sistema donde el individuo conserva autonomía comercial, pero opera dentro de una arquitectura que le ofrece:
Formación continua estructurada.
Tecnología.
Comunidad estable.
Marca paraguas.
Trayectoria interna visible.
No elimina la libertad.
La organiza.
La lealtad como interés compuesto organizacional
Aquí es donde la conversación deja de ser cultural y se vuelve estratégica.
El multinivel tradicional dependía fuertemente de volumen mensual y reclutamiento constante. La rotación alta era parte del modelo económico. La acumulación era limitada.
Un Assisted Venture Model introduce otro principio.
Acumulación.
Morgan Housel ha explicado que los sistemas más poderosos en economía funcionan por interés compuesto. Lo mismo ocurre con la lealtad.
La lealtad es interés compuesto organizacional.
Cuando alguien siente que su aprendizaje, red, reputación y progreso se acumulan dentro del sistema, la salida implica perder algo construido.
No solo ingresos.
Identidad.
Cuando no existe acumulación, el sistema se vuelve transaccional.
Y lo transaccional, en un entorno de múltiples opciones, pierde profundidad.
Un Assisted Venture Model puede incluir una membresía mensual. Pero su función no es excluir. Es financiar infraestructura.
No es peaje.
Es corresponsabilidad.
La organización invierte en sistema.
El miembro invierte en pertenencia.
Esa inversión mutua permite:
Formación certificable.
Liderazgos internos con remuneración estable.
Planes de carrera que no dependan exclusivamente del volumen comercial.
Reconocimiento acumulativo.
Capital social real.
No se trata de retener por fricción.
Se trata de construir valor acumulativo.
En un mercado donde cambiar de plataforma es técnicamente sencillo, el control ya no es ventaja.
La ventaja es relevancia sostenida.
Y aquí la conversación se expande.
Si el mercado ya validó que los emprendedores buscan estructura —porque pagan por ella— entonces el Assisted Venture Model no es experimento.
Es formalización.
¿Cuántas industrias podrían migrar hacia esta arquitectura?
Educación profesional.
Servicios financieros.
Bienes raíces.
Salud preventiva.
Consultoría especializada.
Economía creativa.
Tecnología aplicada.
Cualquier sector donde el talento quiera independencia pero necesite soporte puede rediseñarse bajo esta lógica.
La autonomía ya es abundante.
La pertenencia estructurada es escasa.
Y en economía, lo escaso bien diseñado se convierte en ventaja.
El trabajo no está desapareciendo.
Está cambiando de forma.
La pregunta no es si el modelo laboral evolucionará.
La pregunta es quién definirá su próxima versión.
Porque la categoría no la domina quien la observa.
La domina quien la diseña.
Y en una economía de alta movilidad, la organización que logre combinar autonomía con acumulación habrá entendido algo fundamental:
La lealtad no es una emoción.
Es una arquitectura.
Abrazo.
– Luis



